sábado, 26 de abril de 2014

OVERBOOKING



Se metió en el agujero del grifo orientando las antenas con acuciante sed y nervioso paso sabiendo que en cualquier otro estado no se atrevería a tanta urgencia. Una vez más estaba ocupado. Decidió sin más dilación dirigirse hacia las gotitas de orines que solía dejar el pequeño de la familia en el borde de la taza del bater, una tibia bebida que a pesar de todo aliviaba las sofocantes noches de septiembre en las palmas. Notó algo parecido a un terremoto y sintió que el mundo giraba sobre sus antenas, de forma acelerada vio la cara del cabeza de familia. ¡Ñak!.

El coste del pastel.

       Siempre pensé que el medio pastel que me como diariamente iba a dejar a alguien mirando para arriba. Creía era la conclusión propia a la que cualquier humano pudiera llegar, incluso sin una madre que justificando su hambre de otro tiempo te dijera: “comete lo todo que hay niños pasando hambre en África”, y otra torturadora cucharada que hiciera a mi estómago odiar aquel continente.
Yo alcanzaba a entender a ratos las palabras mezcladas en el bullicio de las carreteras del centro de Madrid. Te escuchaba decir que no, que los recursos se inventan, que el hombre es un animal tecnológico, la estaca y el martillo, los 20 brazos mentales del ser tecnológico multiplicando calorías, el eterno sol, la eterna marea.
Empecinado en que si, que se puede, que todo de todos en una fecunda anarquía que la historia ha hecho con inagotables presos. Me dijiste que sino me diera una vuelta por detrás de los supermercados cuando cierran, cuando los yogures caducado rejuvenecen en las bocas de los vagabundos, cuando sobra las cuajadas que chorrean por barbas callejeras que drenan bocas desdentadas, pedazos cariados de la tarifa de vivir en la calle. Te explicaste con los interminables campos de trigales, la multiplicación de los cuernos de comestibles animales, células fotovoltaicas, quijotescos aparatos rotulador del viento, la tecnología en papel celofán que todo lo resuelve.
Reconozco que no supe donde estaba, no sabía si estaba tendido como una pieza más de ropa de las que forran los bloques en polígonos marginales al sur de Las Palmas, o si era una mujer rumana a punto de ser asesinada por adulterio,con su marido arrastrándola al interior del bosque para ser lapidada. Darse cuenta que estaba ahí y que lo ignoraba, que ignoraba la mano con la piedra a punto de desquebrajar la cabeza aceptando que desde siglos antes la ley era así.
Asín sentido, asi perdido en un aire sucio de Madrid que huele a escalera mecánica, a tortilla rebosada en aceite, a mirada sin concesiones, a pisotón en el metro sin la condescendencia de la disculpa, ahorrando el valor que no tiene medida, hecha de coste. Coste que no tiene cuadratura, sin esquinas ni fisuras, auto-contenido, alcatraz en el que estamos todos. Disolvente del hombre que está fuera en lo infinito, sufriendo, suplicando por entrar en el coste. Soñando con el chalet adosado a orillas del mediterráneo y piso en la gran ciudad y vacaciones de días contados en algún país exótico.
Hacer méritos desde fuera, salvarse del aburrimiento, salvarse de ser ente incapaz de reconocer que se está encerrado en un cráneo, esclavo de su existencia finita no aceptada. Limitarlo todo para creernos infinitos y mas allá no hay otros, esto es, yo, solo yo y mi exageración, "déjeme pasar primero por favor que se me escapan los minutos y llego tarde a trabajar", cola del paro, "quedan tres , quedan dos , ya solo queda uno, me toca a mi" ,yo, mi, mio no tuyo. Coste hecho por el hombre para marginar al hombre, un Nerón reconstruyendo batallas acuáticas para que la historia nos pueda recordar por nuestra cantidad.
Y pensar, y más aún, proclamar con vehemencia que no hay ecuación que justifique costos. Y nos tacharan de blasfemos, idea loca , olvidada de ser tratada de loca, cabecitas locas.
Y articulaste otra vez tu muñeca para sujetarme mejor al asiento, sujetarme otra vez a la idea que el universo era infinito, que mejor así que siglos nos ha costado, CIVILIZACIÓN. Que todo estaba en orden y ya era demasiado tarde para cambiar el estado de las cosas en el que por otra parte tan calentito se está aveces con monitor TFT para las vistas cansadas, las tapas de media mañana, gimnasio con jacuzzi, una ducha caliente después de favores terrenales y la banda ancha saciando nuestra curiosidad.
Y quizás solo sea eso el coste, un invento para creer superarnos en nuestros limites, zanahoria delante de coche que consume mucha bencina, Parcelarnos en frondosas huertas que puedan durar
siempre, peligroso juego de homo sapiens que ansia la herramienta que nos convirtió en herramientas.
Inalcanzable el costo que no nos necesita, que todo lo vivo convierte en inerte porque todo lo requiere estático, constantes con las que juega, que multiplica como por generación espontánea: interés variable, interés fijo, interés acumulado, interés que se come al hombre, que lo hace sumiso, con personas fuera, sin necesidad de hombres. !Muerte al hombre viva el costo¡.
Desde chicos nos enseñan a penar el castigo, si no estudias serás un hombre pobre sin futuro, sin dinero para la escuela bilingüe del niño, sin dinero para el parque de distracciones de suculenta atracción, un parado mas, alguien sin pastel. Europa educándome en el "no habrá sombra para todos" mientras la tecnología iba creando umbrías a un ritmo inusitado, egoísmo de occidente, que es miedo e ignorancia de occidente.
Y con rotundo ánimo decías que había que acabar con el valor añadido que le hemos dado al dinero. Que el dinero es para el trueque, que nosotros no somos el medio del dinero, que es al revés, que el dinero solo debiera facilitar el comercio mas justo (ahorro de coste al fin al cabo, herramienta de los otros).
Y avanzando en semáforo en rojo entre coches parados arrastras la moto que nos porta hasta la salida, salida que era el preludio de otra vuelta de tuerca, de la mano que empuja tu mano que la hace girar. Masa gris rodante. Un Richard Stallman descubriendo intensiones ocultas en un código oficialista y subliminal.
Girar el foco en los otros, porque estaban los otros (la otra parte implicada). Los banqueros, los que guardan las porciones de pastel bajo llave en el armario donde a nadie se le permite mirar, donde no se permite pensar. Y de a una ir sacándolas mientras una larga cola espera a las puertas del Inem una hora antes de que abra, cada uno con su collar de calaveras, eterno goteo de pequeñas leves ilusiones. Intangible la esperanza porque en verdad es como el coste, que no posee cantidad objetiva ni forma concreta.
Y así otra vez al viento seco de Madrid para decirme que los impostores del coste, que es como decir los creadores del solitario beneficio, son los culpables de dar rienda suelta al costo, de lanzar collares de calaveras al camino, los que regalan en la cola del paro el costo, el coste, la estructura rígida, el artilugio comestible. Valer mucho, valer poco, o no valer nada.
Pero si el dinero significa un ahorro de coste en las transacciones ¿no se convierte tal vez en la herramientas de los otros de los que el motorista habla, los del sartén por el mango?, inventores de la maléfica cuerda que te ata al mundo limitado, a la mentira piadosa de son solo 40 años de hipoteca, del todo mundo quieto y documentación, del mucho niños para un hombre de tan poco futuro, de los que han salido triunfantes de esta ficticia crisis, que es como todas las crisis, una justificación para lo que han hecho mal los que crecen por fuera incontroladamente. Llegado a este punto habría que abolir el dinero, hacer decrecer al egoísmo mutilando su excusa, forma dramáticamente efectiva de eliminar la finitud del coste.
Y un rugido más de motor germánico, que de tan impertinente se ha vuelto necesario, un rugido inalienable que hiciera inaudible mi preocupación de donde está mi pastel es este Madrid denso, tupido como la grasa en los entresijos y gallinejas. Moto yendo más rápido que mi bagaje que aún a ratos se arrastran persiguiéndome cada vez ya más lejos.
Quizás siempre sentí que los recursos eran infinitos, que era algo lo que me hacía retrotraerme a la lógica omnipresente de que todo estaba contenido, algo que se justificaba obstinadamente, miedo argumentandose a través de la escuela, del televisor, de la frágil escalera del ascenso, movimiento de ajedrez fulminante del miedo para acabar concluyendo que nosotros estábamos incrustados en algo mas abstracto, como en un código de php no entendido, indescifrable, pasta en blanco.
Era una verdad oculta que se acercaba a la hipocresía. Verdad que era como aquella viejita que reconocí entrañable y de la que años mas tarde me dijera la hermana de Víctor que guardaba en el armario toda clase de instrumentos sadomasoquistas y que en la noche sorda y nublosa de Inglaterra, desde su habitación, se oían gritos de verdad oculta como la del pastel.
No se en que calle quedaron las palabras que el casco no me dejó escuchar, al igual que no se
en donde queda ahora los canarios quieren su plato, yo quiero mi plato, si no es el plato una unidad indivisible y limitada, si no es mi plato, ni el de mi hermano, ni si quiera el tuyo, es un plato lleno, una moto crujiendo en la eternidad de los aires espesos de Madrid, en mi pastel de tantos años perdido en un segundo intenso, un todos que contiene la infinidad de inacabables platos, un donde está el norte en esta ciudad.
¿Pero que hay para todos en el eterno hay, en el todo de todos, si yo formé alguna vez hematoma en la embriaguez , si hay ocasiones en que no hice lo que debía, si el pecado es inherente al dios bueno culpable de creerse bueno y al malo de esconder verdad oculta?. Ninguno de ellos tiró la primera piedra la había robado el coste, y así hasta los dioses budistas tuvieron que agachar la cabeza economizando respiros. El futuro ya no es lo que era, estamos solos en esto, solo nos queda la persona, solo la persona puede derrotar al coste y recuperar el futuro que nos guió como especie.
(los dioses salieron corriendo o se vendieron al coste que se presentó en audiencia con traje negro y gargantillas de oro del que se revaloriza en época de crisis y usurpó su lugar a algunos de aquellos).

Como todo sigue el brillante sentido causal del ánimo, animémonos a. Que si, que aquel programador me lo dijo sobre eficiente moto alemana, en movimiento de rueda, sacrificio del viento, pensamiento como cuchillo girando en el vacío, en el segundo latente tras los ojos.

Hay que empalar al coste, hay que empezar por abajo, primero por los salpicados, los impregnados de mierda hasta el cuello, los presos del coste de mayor condena, los
pobres mas pobres. y de ahí ir subiendo poco a poco hasta el salpicador, allá arriba, mas
alto que el corazón, sacar la estaca por su boca, tapiarle su adoración al coste. Una vez que el palo asome por el intestino todo será mas fácil, porque la base somos mas gente y tenemos el verdadero poder aunque no lo sepamos, aunque no sepamos como es eso de empalar al coste. Así cuando vayamos por el esófago los banqueros gritarán de terror y se plantearan sumarse a la mayoría, pues es su propio interés el que les mueve y su relación con el coste es fútil en el convencimiento y la moral. Forzar a los discípulos del coste a abandonar una religión que ya les producirá perdidas, por que de eso se trata, de devaluar el coste, que es un estado mental, una creencia como el motorista insinuó. Tenemos la tecnología en nuestras manos, hagámoslo, aunémonos, hagámonos.
Y después... un bache que me hiciera un segundo antes sostenerme sobre mis pies para evitar el golpe que ya era inevitable. Una huida entre dos coches, un menguante día de otoño que aún es caluroso aquí donde hoy calló un tenique como un rugido perpetuo en la idea, como una moto en el regreso.
Pero … ,¿y que harán los que no se aúnen?. Ellos se refugiaran en instituciones arcaicas con problemas de base. Irán llorando al banco mundial, a la organización mundial del comercio, a el fondo monetario mundial, a los bancos o a los estados que gobiernan el mundo . Todas estas instituciones justificaran a los replegados hasta que pierdan definitivamente el poder del coste, Entonces nos vendrán temblando.
El fondo monetario mundial alegará que no querían, que se vieron obligado, que ellos solo hacían su labor, que la culpa es de los estados que acataron inmoralmente sus decisiones sin plantear una alternativa mejor, estados sin postura critica y estados con el privilegio del patriotismo, estados que ya no controlará.
Los países a su vez echaran la culpa a la organización mundial del comercio que habrá dejado de decidir que países pueden o no estar dentro del mercado mundial, y que a su vez dirán que si los bancos o estados unidos mientras el resto de estados pobres lo acusara de odiar a los algodonales de Senegal o el arroz de Haití.
Y el banco mundial en un último intento de controlar la situación propondrá poner su cede en el Aaium pero ya la oleada subsahariana habrá empezado a cruzar el sahara, el tiempocronometro cotizará en negativo y ni la onu podrá salvarla, pues estará muy preocupada en captar naciones adeptas al antiguo orden, quizás entonces se ocuparan una isla donde habiten todos los que en el pasado entronaron al coste.
Algunos de ellos, los más sinceros, agonizantes, intentarán más que conservar su porción de coste salvarse de la desilusión, pues en verdad no se trata de un demonio impersonal y malévolo, es mas bien una convicción en valores equivocados, una desilusión de las ideas que a algunos les será imposible abandonar.
Todos estarán esperando algo que resucite la ilusión que convertimos en obsoleta, porque para nosotros ya no será aceptable disociar a la persona, porque integramos al sentimiento y al pensamiento, a la palabra y a la acción, a la mano y a la cabeza. Teoría del decrecimiento aplicada esta vez a los sentimientos equivocados, consumiremos menos de esto, menos de una ilusión que quedó en la cuneta, mas acá o mas allá. Entonces, imagino, olvidaré que hubo alguna vez un pibe del polígono hablándome de la solución a tanto pobre, que según él sería la aniquilación de los mismos, ahorrar al mundo semejante carga , cuadrar las cuentas que organizan al mundo cuadrado. Galeano denunciando a los que justifican la pobreza como el justo pago a la ineficiencia, ¡elimina la pobreza mata un pobre reza la eficiencia del costo!.
Los que no puedan soportar el nuevo orden harán como el alacrán del que hablaba el padre del quillo, cuando lo colocó en un cacharro con fondo para que no escapara y lo puso al fogón, el alacrán se agitaba rabiosamente intentado escapar, cuando la temperatura rozó lo cruel el alacrán arqueó su aguijón hacia su cuerpo y lo clavó pereciendo en su propio veneno. Veneno que habrá dejado de tener mortalidad para la persona porque seremos inmunes mostrando indiferencia al coste.
Pero para entonces será tarde porque habremos creado nuestras propias instituciones de manos de una tecnología que nos incentivará la esperanza, una tecnología que nos salvara pero no al estilo de un dios sino de verdad, sin engaños . Las decisiones serán porciones de todas las decisiones individuales. Habrá parlamentos virtuales en los que la voluntad de todos estará presente y cada resolución tendrá que ser confirmada por un referéndum, una consulta que convertirá la representación ciudadana en su expresión máxima. Votantes internautas porque la brecha digital será algo del pasado, y todos tendremos acceso a la información del humano para el humano en un inagotable ancho de banda que la tecnología habrá resuelto para crear aplicaciones en las que los ciudadanos manifiesten que lado de su plato escasea.
Y ya no habrá escusa de costes cuando cada decisión ejecutiva requiera del sufragio universal virtual. La información no será lujo y viajará libremente de cabeza a cabeza.
La teología intentara captar a algunos, reclamará su puesto pero le recordaremos como fue que alguna vez la guardia suiza del vaticano fue cazando protestantes campesinos por toda Europa, o como fue que chií o suniis se comían entre ellos por una interpretación diferente del Corán, pues ¿quienes sujetos son capaces de interpretar lo mismo de la lectura de un libro? Y recordaremos a los judíos que el verdadero pueblo de dios es el que guían su destino libremente sin oprimir a terceros.
No habrá vuelta atrás y se refugiaran . Todo estallará y será como una lluvia de hojas secas en el corazón y un bípedo de dos ruedas trepando por el otoño madrileño hasta la calva del mundo en un estado que se derrite a medida que se pierde el verano, que se pudre en el olvido, en la estrella que se perdió, que ya no guía, que ya ni tan siquiera se busca.


El alzamiento postergado oculto en los genes II: Simón Bolivar.


Y bien podríamos vestirle un tamarco a Bolivar, tiznarle una barba y quedaría pintado un Faycán.
Se sabe de la ascendencia canaria de Bolivar, de tan origen que entre sus anteriores tenemos a la aborigen Juana Gutiérrez con la que se amancebaba el fundador de la Villa de Garachico y la princesa de Teguise, obligada a casarse con el conquistador. Él habló de una América unida y emancipada, sus ascendientes sufrieron otra cosa,


Contradicciones 2: Peñate se dió de baja.


Vaya, vaya, Peñate, quien te ha visto y quien te ve. Ahora mientras me cuentas de afganistán te recuerdo en la plaza de san telmo donde acampamos durante un mes para nada. Que cosa mas linda Peñate, diciendo no a la guerra de Irak, no a la ilegal brutalidad en el mismo sitio donde cada año se celebra una misa en recuerdo de franco.

Que poco conocías aquella tierra en aquel entonces. Pero cuentame, sigue contándome como conducías el jeep por pueblos en la montaña, el impulso vital de los niños, la hospitalidad de sus gentes, como cambiabas comida por armas, como en el descubrimiento pausado de los meses llegaste a conocer a aquellos habitantes de las montaña que te espantaron el demonio de la mente. Pero no te me quedes solo en la sugerente efervescencia de lo pintoresco, cuentame además como transportabas mercancía de la peligrosa hasta los campos de opio. Un jeep con representantes de compañías farmacéuticas holandesas y alemanas conducido por ti, eso si te quemaba por dentro !eh Peñate!, vendiendo la vida de esos niños a un holandés que no dijo ni mu en dos horas de viaje por carreteras empedradas y cordilleras ocultas.

Por supuesto, tú solo conducías un jeep. Pero a ver como me explicas eso de no renovar tu misión, de los no se cuantos miles de euros rechazados, a ver como explicamos a la gente de que por culpa de eso precisamente tuvieras que limpiar retretes, te aplicaran arrestos de franco ría, y sufrieras las tareas más duras del cuartel. Esa marginación de los compañeros por no renovar en una misión que definitivamente no era la tuya. A ver Peñate si tienes valor de contarme que contradicción te comía por dentro. A ver como me explicas eso de que te dieras de baja de esa profesión y te hicieras civil trabajando en un taller de coches en Zaragoza, que eso si era lo tuyo, sin contradicciones. Pues que problemas de tu gente arreglabas allí, que te aclaren que tenía que ver el conflicto pesquero canario-sahariano con los intereses de farmacéuticas europeas en afganistán. ¡si peñate, te estaban globalizando!.

Y sobre todo, en todo, a ver como le cuentas al mundo ese sueño que a veces te llega de las sombras en el que un campo de niños hecho de amapolas es cortado, uno por uno, desde el tallo, por un holandés para colocarlas en un botiquín que tu llevaras a la posta del cuartel. Vaya , vaya, peñate, quien te lo iba a decir.

EL RELENTIZADOR.

    Su panza boca arriba se abrió en canal y algo de aquellas entrañas de pus salpicó en las gafas del abuelo, era normal el pulso del abuelo con el bisturí. Varias veces me planteé marcarle alguna raya de anfeta para estos procesos pero el viejo no era de esos que dopan la curiosidad por su decadencia, siempre tan real el abuelo.
     Las antenas no pararon de moverse durante algunas horas , la cucaracha quedó ahí, destripada, arrimada a una esquina de la mesa sobre su papel, como reliquia de un experimento que era un misterio en aquel entonces.
     El cuarto del abuelo era un laboratorio, en sus 4 metros cuadrados se cocinaba el mundo. La cama bajo la ventana pa despertar a las primeras luces, un pequeño ropero donde quedaron olvidadas, a causa de utilizar siempre la misma ropa ,dos piezas por vestimenta, y frente al ropero la vieja mesa provista de probetas y mechones.
     La experimentada mesa aun aguantaba a pesar de su desgaste,estaba echa a prueba de bombas se podría decir. Sobre la mesa tres niveles de estantería, en el último tres libros recostados sostenían un montón de libros de química puestos de canto. Los tres libros durmiendo sobre la estantería eran uno de Nietzsche , uno de Freud y otro de Sartre. Una vez le pregunté al abuelo quienes eran y el me contestó que un loco,un cocainómano y un anfetoso y ya no quise preguntar más.
     El primer nivel eran unos frascos con inscripciones en árabe que contenían toda clase de polvos y semillas. En el segundo nivel de la estantería un tarro con un guiño levitando dentro, un ojo disecado de un exótico mamífero de 4 ojos, que por lo visto era un cuadrúpedo de las selvas centroamericanas. El abuelo nunca contó como llegó eso hasta la isla, de pequeño siempre pensé que era el ojo que le faltaba al abuelo. El ojo andaba flotando en Ñark, que según él era el jugo de unas semillas que un amigo le había enviado de una ciudad de África llamada Touba o toubab, no recuerdo bien, y que era muy buena para la vista.
    Bajo la estantería, y entre las probetas de cristal italiano, dos relojes alarmas que sonaban a distinto tiempo, uno para el cocinado químico y otro para medir el tiempo de enfriamiento de las mezclas.
    Bajo la mesa una garrafa de 25 litros de Metanol a 25 euros, del que no se encuentra en canarias y con el que el abuelo fabricaba biodiesel. La garrafa tenía una larga pluma blanca adosada a la tapa.
    Para rematar un montón de cuñas afirmaban la bailona mesa que de tanto uso químico comenzaba a marcar en la superficie el relieve de los aros de corteza del árbol origen.
    El abuelo no me dejaba tocar sus cosas. Yo las observaba a distancia, y desde mi imaginación, herencia del abuelo tal vez, jugaba con ellas.

    Ya desde hacia unos 5 meses antes del destripamiento de la cucaracha el abuelo andaba mas absorto que de costumbre. Sobre todo después de aquel día que mi padre salio tarde de casa para embarcarse en la plataforma. El viejo se puso como una furia con el abuelo, “que ud porque tarda tanto en orinar”, “que por la mañana yo tengo que salir bañado a trabajar” y recriminarle a la vieja que por culpa de su padre hoy no embarcaba y a ver que comemos luego. Pero la vieja nunca callaba y contestaba a todo con el “ya está bien, deja a mi padre en paz”.
   Y al rato cuando ya el viejo salia susurrarme el abuelo que mi padre era un chiquillaje, “que mira ahora lo que está haciendo sacando petroleo pa los españoles, que si acaso el tendrá trabajo mientras el resto del barrio se arriesga a hacer cosas como pescar jacas en luna llena. 4 puestos de trabajo y se nos llevaron el petroleo, ni en Nigeria. Pero claro eso que coño le importará a tu padre, bien canario el cabrón” sentencia con culpa.

   Desde aquel día, el abuelo, después de mandarse el plato de papaya con azúcar que la vieja le sacaba fresquito de la nevera, y para no molestar, se iba a orinar a la acequia. Y así volvía a enfrascarse en su laboratorio con las manos humedecidas de orina y pegajosas de papaya seca, siempre tan limpio el abuelo.

   Al viejo nunca le gustó que el abuelo estuviera encerrado en su laboratorio de madera, “en vez de estar con los cacharros esos, debería hacer algo útil este viejo”, y la replica constante de la vieja “deja en paz a mi padre” mientras el abuelo presente no decía ni mu, cualquiera entiende al abuelo también.

   A mi el abuelo siempre me cayó bien, le compraba aquel tabaco, puras virutas de madera, a escondidas de la vieja. A cambio él me prometía que nunca probaría sus experimentos conmigo y ya me dejaba el día preocupado. Me gustaba, cuando se dejaba, verlo concentrado en sus experimentos, frunciendo sus cejas de tentáculos, con la sombra sobre las probetas de un bello cobrizo que le afloraba de la nariz. Era tuerto, un solo ojo controlaba los experimentos, por eso siempre requería mi ayuda, ademas de por tener unas rodillas a su edad de porcelana china.
   Pero el abuelo estaba tan seguro de si mismo que parecía que solo tenia que estirar el brazo hacia el infinito, desde el columpio de sus experimentos, para embarcar en el tren que surcaba los cielos.

   El día de la cucaracha él me pidió ser testigo de un experimento insólito, y el abuelo era serio en sus afirmaciones así que la excitación me privó la intriga. Me dijo que me quedara en una esquina y le hice caso por temor a que callara para siempre conmigo como había echo con el viejo.
   Comenzó escogiendo un frasco con liquido del color de la cerveza, lo sostuvo a trasluz de la ventana, se viró y me dijo “ lo que acaba en la acequia”. Lo vertió en una gran escudilla de cobre “cobre del bueno, chileno”. Luego metió el ojo de selva panameña en la escudilla, lo agitó y lo volvió a sacar, le pregunté al viejo porque el ojo lo volvía a sacar, a lo que me contestó que quería comprobar si aun flotaba. Que de secretos el abuelo.
   Lo de la papaya, era mas de lo mismo, extrañeza tras extrañeza. La partió por la mitad y la majó hasta que quedó un barro arcilloso lleno de hebras que acabó también en la escudilla de cobre. “Papaina con urea el despigmentante fundamental" me sonrió el abuelo, y yo ya intuí que alguna fortuna obtuvo al ser humillado a orinar a la acequia.
    Prosiguió mojando la angelical pluma en el bote de Metanol y revolvió con ella el caldo. Dos gotitas de un ácido sentenciaban lo que yo supuse un brebaje imbebible (1) . Aquella escudilla era una orgía.

    El viejo nunca probaba consigo mismo sus experimentos pues tenía una jauría de cucarachas, cochinillas, escarabajos y no se que mas bichos con los que probaba sus investigaciones.
   Sacó una cochinilla de su urna y con un cuentagotas le dejó caer un par de lágrimas, luego tiró la cochinilla al suelo, al instante se enroscó y rodó a su velocidad habitual pero en cuestión de segundos su giro bajó de revoluciones, cosa que aprovechó el gato para comérsela. El abuelo volvió a sonreír.
   Cogió esta vez la cucaracha, la selló sobre un papel y le aplicó la sustancia. Pasado unos segundos la rajó por su abdomen, “a ver cuanto tarda en descomponerse” dijo y ahí llegaba el abuelo a ese momento en el que solicitaba dejarlo solo. Te invitaba a salir siempre con la misma frase “esta cueva es solo para gente experimentada”.

   Ya para cuando la cena, el abuelo no esperó a que termináramos para comer como solía hacer. Se sentó al lado del viejo y esta vez los que enmudecimos fuimos nosotros. Incluso se adelantó a la vieja ofreciéndose a traer el caldero a la mesa, momento en el que vi al abuelo, al primer despiste familiar, soltar un par de gotas en el plato del viejo. Puta que me puse nervioso, pero con el abuelo siempre era así, había que confiar en él sin pedirle explicaciones.
    El viejo se quejó que su plato estaba húmedo y el abuelo sin mirarle le sirvió un cucharón con trozos de cherne, batata y papas, a lo que la jaya de mi viejo no podía replicar palabra. El viejo era de los que raspaban el plato con migas, sobre todo si se ha surtido con mojo.

   No dormí en toda la noche, me imaginaba al viejo enroscado rodando cuan cochinilla mientras un dragón le escupía un fuego que arrasaba a mayor velocidad que sus giros. Que terrible!.
   Mi vieja se levantó mas jovial que nunca, despertándonos a todos como si fuera día reyes. Desde temprano se fue al mercado. Ya eran casi las 8 de la mañana y el viejo todavía en el baño eso si era raro. Mientras preparaba el macuto para clase lo vi abrir la puerta feliz y parsimonioso, y antes de cerrarla me grito como en una letanía que hoy hiciera lo que me diera la gana. Y me lo tomé en serio porque volví a dejar el macuto en el suelo y fui a la habitación del abuelo que ya se encontraba en el baño.
   Estaba como siempre, el ojo abrillantado con Ñark, los libros de los drogadictos, la rígida pluma reposando en la mesa, las alarmas apagadas, el brillo del cristal a prueba de vibraciones de las probetas, todo estaba como siempre. Todo menos un detalle, la cucaracha que había sido destripada ya no estaba.






(1) métanla en la rae ya, que la utiliza to dios.







lunes, 3 de marzo de 2014

Ouacam

Es curioso Wacam, tiene un pulcro liceo francés frente al cual casi diariamente corren militares franceses hacia el cuartel que esta mas allá. Al lado de Wacam, pasando a Abdulay Wade y familia esculpidos contra el renacimiento se encuentra Mamel con sus hoteles y apartamentos de toubab, sus dibiteries caras y niños con bote en mano pidiendo monedas: “toubab” y el sonido de las monedas agitadas en el bote , “merci monsieur”.
Pero volvamos a Wacam y esas vallas de hojalata que al principio no sabía que escondían. Asomarse es descubrir sus baobab inamovibles por la confederación Lemu, vestigios de naturaleza que quedaron obsoletos para la planificación urbanística de esa zona de Dakar. Un ayuntamiento impotente ante una confederación que convierte Wacam en un puzzle, en unos paterres cercados y dentro árboles legendarios con nombres y espíritus. Prohibido si quiera tocar la casa de los espíritus advierten los Lemus, y poder han de tener porque el alcalde no se atreve y me imagino al concejal de urbanismo rompiéndose la cabeza intentando integrar algo que para unos políticos no tiene sentido. Cosas de animistas.
Pero a pesar de ese despertar a la modernidad que trajo la nueva carretera, también hay otro Wacam con sus casas de una planta en callejones sucios, atestados de gente a cualquier hora, como si se turnaran para dormir. A las 3 de la mañana hombres sedados de cansancio tumbados en un banco o en el descansillo a la entrada de una farmacia o en un puesto de mangos o los más despiertos jugando cartas, todo en la calle, como si la calle fuera una prolongación de la casa, como si toda la barriada fuera una casa.
Es el Wacam de los 15 miembros por diminuta vivienda, donde tal vez con suerte trabajen 3 de ellos mientras el resto deambulan a cualquier hora por Dakar, apresurados por el presente que les exige buscarse la vida.
Ni un tiro,ni una navaja, ni una pelea, ni un forcejeo, y ahí ya empieza a picarle a uno la duda de porqué esto no es Sierra Leona o Mali o incluso un polígono de Las Palmas en los años 80. Se queda pesando uno que esta gente tendrá que comer, que porqué no se fabricarán una hechiza como los cabros de las pueblas de Chile, porqué no irán sobre moto con un fierro escondido en la cintura como en Cali, ¿es que sus hijos no pasan hambre?, ¿es que no es digno robar para que el que llora mueva los dientes?.
Si, se queda uno con la duda, algo esta pasando en Wacam y a mi se me escapa. Como todo lo que me ocurre en Senegal habría de llegar a Touba para resolver el misterio.
Ya en Touba en la comunidad de Cheikh Dame, la mayoría de los talibés me cuentan que ellos provienen de Wacam, y ahi ya se me prende la luz con la que comen algunos miembros de las familias enlatadas de Wacam. Porque mientras residan en la comunidad no les faltará el plato de comida y trabajo en tolbi, y hasta un traslado apresurado al hospital en coche de marabout preocupado. Es la labor social que hacen algunos marabout de Senegal, esos que tienen tanta mala prensa en occidente y que libran a Senegal de convertirse en una fiesta de pistolas. Porque cuando el hambre reclama, perforar bolsillos se hace solución.
Son las formas de organización que no aceptamos los occidentales, porque habría que entender que cuando el colonialismo posee todos los medios la única lucha posible es la que exige una obediencia ciega, una seriedad en procesión por la que se da la vida, el humano y sus circunstancia, circunstancias que se obvian en occidente por la comodidad del contexto en que vivimos.
Es el semblante de Mame Cheikh Ibrafall en las caras de cada uno de los Fall camino de la casa de Mbacke Mbacke en korité, el paso vertiginoso de unos pies descalzos con la que se expresa una cabeza bien alta, en definitiva el “pastef” que defiende el “bernde”.
Según Gibril Fall, de Wacam y talibé de Cheikh Dame Fall, Mame Cheikh Ibrafall lloraba leche y sabía anudar franceses.



domingo, 2 de febrero de 2014

La magia del humano.


Abel que es mago de los que te sacan el niño de dentro me lo cuenta mientras nos desencaja con sus juegos de cartas en una mesa del Txiqui. Pero ya somos unos cuantos los que intuimos algo de juego psicológico en sus bailes de cartas y la pregunta se hace inevitable acerca si nos estaba estudiando los gestos mientras transcurría el truco, si nos estaba leyendo nuestras miradas, nuestros despistes para conducirnos a donde él quería.

Nos responde que para empezar él no tiene poderes (y eso ya tranquilizó a alguno), o al menos ninguno que vaya más allá del que todos tenemos con nuestra mente. Con porte didáctico profundiza contándonos sobre alguna prueba que hicieran unos psicólogos americanos a un condenado a muerte.

Este condenado (que era un jugador más en la mesa del Txiki) podría ser indultado si superaba la prueba consistente en amarrarlo a una camilla, hacerle un corte en la muñeca y que rezara los dedos para sobrevivir al vaciado sanguíneo.

Entre una silla eléctrica o el adormecimiento de un desangre el preso acepto la camilla. Lo que desconocía el preso era que el tajo hecho en la muñeca por los médicos era superficial, que  no tocaba venas o arterias y que apenas suponía la perdida de unas gotas de sangre.

Habían puesto una válvula debajo de la cama que goteaba suero sobre un cacharro y que comenzó a funcionar cuando se le hizo el corte al preso. El goteo en el cacharro eran campanazos en los oídos del condenado. Cada cierto tiempo a escondida de nuestro jugador el doctor cerraba un poco más la válvula y el goteo era más débil y el color de su piel más pálido. Cuando alguien cerró completamente la válvula el jugador sufre un paro cardiaco y muere sin haber perdido prácticamente sangre.

Después de contar esta historia, Abel, así con cara de médico cordial, con sonrisa de mago, nos ofrece seleccionar una carta entre un abanico, una carta que alguno eligió y de la que ya todos desconfiamos.