sábado, 26 de abril de 2014

Presente de Edgar


Edgar no se pierde un segundo de vida, la busca, la devora, está en
ella comiéndosela a bocados mientras le sonríe. Edgar no quiere ni
al futuro ni al pasado, ni las flores del mañana ni las que quedaron
atrás, prefiere el contacto vivo del presente y se concentra en
ello.


LA ERA DEL PICUDO ROJO.


    Aún recuerdo cuando llegamos a estas costas atlánticas del norte de
África. Traídos en oscura bodega desde Egipto sobrevivimos comiendo de las
palmeras datileras que compartían con nosotras el salitre de este largo
viaje.
        Pensamos que el fin de nuestros días era ya una realidad, ni por
asomo se nos pasó la idea que sobreviviríamos al puñado de palmeras de mala
calidad que no servían para nada. Cuando arribamos a la que en aquellos
días considerábamos la tierra prometida una nueva esperanza brotó para nosotras.
Todo luz, todo palmeras, las islas se nos abrían hospitalarias. Nosotras
las cabalgábamos con la frescura que dio abandonar nuestras decrépitas
portadoras que ya comenzaban a tufar a podrido. No tardamos en cambiar a
mejor vida, ya de nuestros antepasados habíamos oído hablar de las
espérides. Islas que algunos ancestros alcanzaran en alguna embarcación romana,
posado en el pelo de algún esclavo de galera o invernando bajo la armadura
de un romano, quien sabe.
       El primer puerto en arribar se situaba en una isla llamada gran
canaria, ya de al poco de eclosionar de mi larva había oído hablar de este
terruño que un antepasado de origen fenicio vislumbrara en velero comercial
de ruta fenicia. Pero jamás imagine palmerales tan densos de copas redondas
en perfecta circunferencia, lamparillas coquetas que las támbaras tiñen de
color calabaza , jugosas hasta el final.
       Pero como no hay campaña sin mecenas nuestra histórica aventura
atlántica no hubiese sido posible sin Santomé Cazurro, prospero empresario
canario que tuviera la gracia de comprar aquellas inservibles palmeras para
revenderlas en canarias, en verdad tuvo buen geito nuestro padrino, pues
¿quién vende pesetas a duros?.
       ¡Que lejos queda ahora aquel barco!, y es que ahora es otra cosa.
Pavoneo mis alas con descaro, brillo de esmalte rojo, belleza de lo
pequeño, dueño del destino de unas palmeras. Lo cierto es que nos expandimos rápido
por las islas y con nuestra presencia proclamamos la era del picudo rojo.
        Pero entonces era otro cantar y no faltaba palma a picudo,
sabrosa támara canaria tan diferente de aquellas de la polinesia de las que
somos originarias. Y es que unas islas son poca cosa para las que ponemos
de 200 a 400 larvas de una asentada. No tardamos en apretujarnos en las copas
de estas endémicas canariensis, que ya empezaban a escasear al ritmo de
nuestro hacinamiento. Que sumisos y confiados los humanos de este lugar ¿y en
verdad que creían que éramos un simple escarabajo?. Hubieron algunos cuyas voces
para oídos capados alertaban de nuestra presencia amenazando nuestra
supervivencia, y es que la era del picudo rojo se volvió negra en este
frágil y limitado ecosistema.
       Solo nos resta que nuestro portador nos reenvíe con algunas de estas
estropeadas palmeras en trapicheo a alguna isla de cabo verde en algún
chanchullo de los que hinchan el bolsillo. Pero ya casi no queda tiempo,
lucho a cornadas en esta última despeluzada joya canaria para que mis hermanas no me
arrebaten lo poco que me queda.
       ¡Aah!, Santome Cazurro, primo de la muerte pensamos en aquel
entonces en Egipto, lo revivimos como padrino de la vida cuando llegamos y ahora lo
rematamos como padre del olvido. ¿Por qué nos has abandonado?.


EL AGUJERO.

Regresaba Lobato de fiesta solo cuando vio aquel cuidado ficus plantado en el casco antiguo de Las Palmas. Al verlo recordó lo mucho que habían solicitado en su barrio de San José por un arbusto, árbol o planta para el hoyo que hacía de jardín frente a la iglesia.
Se agachó y comenzó a cavar la tierra de alrededor del ficus con sus manos ebrias. Desde resoplido a resoplido estuvo Lobato hasta que consiguió sacarlo intacto alzándolo como trofeo en mano. Luego recostado en su hombro caminó hasta su barrio donde lo plantó en la ausencia que tenía aquel agujero.



LA LUZ

Si, la luz trasera no funcionaba. Recuerdo haber estado toda la tarde intentando arreglarla mientras Coni limpiaba con la aspiradora emprestada por la vecina los asientos delanteros de la combi. Wolkswagen combi que arruinara mi bolsillo y en la que tantos días de viaje hacia el sur compartimos Coni y yo. También recuerdo haber movido algunos cables de debajo del tablero del coche siguiendo el camino del cable de luz, y en uno de esos milagros inexplicables de la electricidad, arreglarse la bocina justo en el instante en que Coni le pasara un trapo a esta y sonara asustándonos gratamente.
Luego llegó la temprana oscuridad de los días de invierno en Santiago y tuve que dejarlo pensando que mañana con la luz del día vería que fusible corresponde a esa escurridiza ampolleta que tantos buenos momentos alumbró. En aquellas horas todavía no habíamos empezado a discutir. Sería a la hora del sueño cuando a Coni se le antojaba enfados y reproches.
Aquella noche el sueño y el cansancio se hermanaron en mi cuerpo, por ello cuando ya en la cama coni me comentó en mi ensueño que la próxima semana cumplíamos 8 meses de estar juntos, a mi las fuerzas y el sueño no me daban mas que para emitir un somnoliento ruido de afirmación. Ella respondió que “waaaau” que parecía muy emocionado y ahí estallo la pólvora. Tan tenso me puse que quedé desvelado tras una acalorada discusión. Eran las 12 de la noche, la hora de las discusiones.
Mas tarde, con las aguas mas calmadas, el vecino del enfrente tocó la puerta para advertirme que la luz trasera de la combi estaba encendida, que podía quedarme sin batería. Pero como podía ser si yo mismo estuve averiguando la falla de algo que jamás arreglé. Se lo agradecí y volví a la cama caliente de coni. Le dije a coni que te vas a reír cuando te cuente, que la luz que jamás pude arreglar prendió, y ella contestó que quizás intentaron forzar la furgoneta porque ella escuchó un fierro caer al suelo y un murmullo de gentes que pensó serían los vecinos del enfrente no dándole la mayor importancia, y yo que quizás así se arregló la luz porque vete tu a saber como funcionan los designios de la electricidad, que quizás le debemos a algún cabro impregnado de pasta base que se halla arreglado la luz. Entonces muy juntitos recordamos lo que la luz de aquella combi alumbró durante el viaje y nos abrazamos y nos besamos y el resto se lo pueden imaginar.


O'run-del'lico regresa a la civilización construida para personas.


En el tiempo en que los piratas eran llamados almirantes o capitanes y la civilizacion era construida para las incipientes rutas comerciales británicas, Robert FitzRoy recaló en una de las islas menores de Tierra del Fuego que era tierra de yámana. Allá secuestra a O'run-del'lico un adolescente bautizado como Jemmy Button y tres yámana más. Hasta Inglaterra se los llevan. Desembarcan en Plymouth, donde son mostrados como atracción de circo mientras la prensa inglesa difunde fabulosas historias sobre estos hombres primitivos. Y hasta la presencia del Rey Guillermo IV son traídos como regalos del borde del mundo. A la niña bautizada como Fuegia Basket (Cesta fueguina) la reina le regala un sombrero de los que esconde la cabeza y un anillo de los que atan de por vida. Se les vistieron y educaron según la cultura anglosajona, se le enseñó el idioma de los británicos con la pretensión de que sirvieran de intérpretes a los colonos y se les vistió por dentro de cristianismo. Luego a bordo del Beagle se les regresa a tierra del fuego que ya es menos yamana. Al desembarcar Jemmy Button y sus dos compañeros se desprenden de las vestimentas europeas y huyen al bosque. Caminando lejos, ansiando la civiliciacion construida para personas, vuelven.

Contradicciones 1: Tamascal Canino.

Jorge se mantiene limpio por fuera. Hace ya algunos meses que ha dejado de fumar tabaco así como el placer de las hierbas, no bebe ni come carne y la noche la ha abandonado . Me lo cuenta mientras viajamos en su furgoneta hacia un tamascal en Zamora donde espera ahora limpiarse por dentro. Somos tres en ella y dos perras que son la feminidad que complementa a jorge.
Pero el tamascal no sale como Jorge deseaba, o quizás jorge no era de los que el tamascal esperaba. Al día siguiente volvemos a Madrid pero las perras no aparecen, a Jorge se le han escapado varias veces en el pasado y decide marchar sin ellas. Mientras volvemos es un manojo de nervios que no para de decir que se arrepiente de haber venido, que si el tamascal no se lo han tomado en serio, que si estaba harto de las perras, que si las mujeres no le quieren, que esta pensando en volver a la noche, que invitame a un cigarro, y yo que no te lo tomes asi, que si las perras se fueron es por algo, que el tamascal no tiene porque ser tan liturgicamente cerrado, que tranquilo, que el mundo no conspira contra nadie.
Ya de madrugada en madrid me acerca hasta mi casa, al día siguiente vuelve por las perras.


LA PRECOCIDAD 3 : Coni y la Pedagogía.

Es coni a los 17 trabajando de maestra en una granja escuela a las afueras de Santiago. Le advierten los profesores que cuidado con Buddi que es niño conflictivo de los que no se pueden amarrar y enseguida te estropean una clase.
En este primer dia de clase faltan la mitad de los alumnos y el nerviosismo hace mella en Coni. Pero ella no quiere empezar la clase así y sale al patio en busca del resto. Allí los encuentra sobre un árbol como frutos aún por madurar. Uno de ellos lleva la voz cantante, se llama Buddi y es el líder que guía las acciones del grupo. Él, que no entramos, que estamos sacando nueces, que se cree señorita si nosotros no vamos a entrar, que no estamos ni ahí con la clase. Como muy distraída, con aires de desdén, Coni, que no importa que íbamos a ser queso pero no importa, que después también íbamos a recoger nueces pero no importa, que ya les enseño a los otros pero que no importa que sigan jugando que uds se lo pierden. En esto Buddi, que bueno, que vamos y todo el grupo entra en clase que es ya una clase entera.
Coni pide un voluntario para que le ayude a organizar la clase de preparación de quesos. Algunos levantan la mano, pero Coni pensativa dice que ella necesita a alguien inteligente y responsable que sepa explicar a los demás y que pueda ayudarla a ella, que ha de ser fuerte y capaz porque esto de los quesos no es cosa fácil. Y la profesora Constanza elige a Buddi que orgulloso se levanta para dirigir a la mitad de la clase en la preparación de quesos. Al final de la clase, Buddi pide pololeo a la profesora.